Carlos VII y la Tercera Guerra Carlista


La tercera guerra carlista (para algunos segunda guerra carlista, puesto que el anterior conflicto entre 1847 y 1849 no revistió la misma escala y consecuencias que los otros) comenzó en 1872 y concluyó en 1876.

Al abdicar la reina Isabel II en 1868, su sustituto en el trono de España fue Amadeo I de Saboya. Ante esta circunstancia, Carlos VII (Don Carlos) intentó reclamarlo para sí, y para ganarse el apoyo de determinadas regiones ofreció reincorporar algunos de los usos y costumbres locales, como los fueros catalanes, valencianos y aragoneses que habían sido abolidos al principio del siglo XVIII. La llamada a la rebelión de Carlos VII tuvo eco principalmente en Cataluña y los territorios del País Vasco.

El carlismo había nacido a la muerte de Fernando VII (1833), cuando su viuda, la reina María Cristina, se convirtió en regente a la espera de la mayoría de edad de la hija de ambos, Isabel II. Los partidarios del hermano del rey, el infante Carlos, negaron la validez de la Pragmática Sanción de 1830, que restauraba otra anterior en la que se permitía que heredaran el trono las mujeres que no tuvieran hermanos varones. Así, el bando «carlista», de tendencia autocrática, abogaba por que el verdadero rey era el infante Carlos, su hermano, y no su hija, y apoyados por los sectores más rurales y tradicionalistas del país, se levantaron en armas. Los «isabelinos» (o «cristinos») eran apoyados por el bando liberal. Aunque inicialmente los carlistas y sus tácticas de guerrilla tuvieron éxito, la victoria final recayó, en 1840, del lado del general Espartero, al mando de las fuerzas liberales y del gobierno.

Carlos de Borbón y Austria-Este, conocido como Carlos VII, había nacido el 30 de marzo de 1848 en Laibach (Eslovenia, por aquel entonces parte del Imperio Austriaco). Su padre era Juan, conde de Montizón, e hijo a su vez del infante de España Carlos María Isidro de Borbón. Su madre fue María Beatriz de Austria-Este, hija del Duque de Módena.

Cuando Don Juan, el padre de Carlos, viajó a Inglaterra, desarrolló tendencias liberales, siendo esta una de las causas que llevó a la separación del matrimonio. Carlos, sin embargo, se quedó con su madre, en Módena, siempre fiel a la política y forma de ver la vida más conservadora.

Cuando en 1861 falleció su tío, Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hasta entonces líder del movimiento carlista, su padre, don Juan, reconoció a Isabel II como reina de España. Esta decisión no fue bien recibida en la familia y devino en la proclamación de Carlos, llamado por sus partidarios Carlos VII, como legítimo heredero de los derechos de Carlos Luis. En 1866, Carlos VII escribió a su padre declarándose jefe de los carlistas.

El momento parecía el más adecuado: el isabelismo estaba en crisis, hasta el punto de que, en diciembre de 1867, Prim y Sagasta, en nombre de los liberales progresistas se pusieron en contacto con el entorno de Carlos. Estaban dispuestos a reconocerlo como rey de España, a condición de que se convirtiera en un monarca constitucional y que su legitimidad fuese ratificada por el sufragio universal. El ofrecimiento, sin embargo, chocaba con las convicciones tradicionalistas de Carlos y su familia, por lo que fue rechazado. También el partido moderado le ofreció su apoyo ante la inminente caída de Isabel II, pero pedían que previamente la reconociera como reina. Con aún mayor vehemencia fue desechada esa oferta.

En 1869 (ya su padre había abdicado en su favor, algo considerado ya de facto por todo su entorno antes incluso de esa fecha), Carlos entró, por los Pirineos, en España. Era la primera vez que pisaba territorio español. Se limitó a cenar con sus seguidores, y a nombrar comandante a su hermano Alfonso y a Tristany, Vallecerrato y Benavent ayudantes de campo y de órdenes, así cómo a Plandoli mariscal de campo. Volvió de allí a Francia.

Tras la aprobación de la Constitución Liberal en España, hubo un primer intento de levantamiento militar carlista entre junio y julio de 1869, que concluyó sin éxito. Carlos aspiraba a ser rey, no un simple jefe del partido político carlista, pero aun así, en abril de 1870, decidió asumir personalmente la jefatura del carlismo tras la dimisión de Ramón Cabrera, a quien se la había encomendado un año antes, pero que terminó alejando sus posiciones políticas debido a diferencias de opinión con el propio Carlos y otras figuras del partido. En las elecciones de 1871 el carlismo consiguió 50 diputados en el Congreso de los Diputados.

El 21 de abril de 1872, finalmente, se dio la orden de sublevarse, comenzando así la Tercera Guerra Carlista. El 2 de mayo, Don Carlos, cruzó la frontera francesa por Vera de Bidasoa y se puso al frente del alzamiento, aunque hubo de volver precipitadamente dos días más tarde a Francia. El carlismo había montado su campamento en Oroquieta, pero el general Moriones, al mando de las tropas del gobierno, lo asaltó por sorpresa durante la noche del 4 de mayo. Murieron cincuenta carlistas y casi 700 fueron hechos prisioneros. El pretendiente tuvo que huir a toda prisa y dejó a los carlistas desorganizados en las provincias vascas por lo que quedaba del año. Parecía así que se avecinaba el final de la guerra nada más empezarla.

Sin embargo, a pesar de esa importante derrota, los carlistas seguían siendo una gran amenaza, sobre todo en Cataluña. Las fuerzas insurgentes supieron reorganizarse, y en los primeros meses de 1873 ya contaban con más de cincuenta mil efectivos. Entretanto, en febrero de ese año, Amadeo I abdicaba y se constituía la Primera República en España. En mayo, siendo lideradas las tropas carlistas en Navarra por el general Dorregaray, logran una gran victoria contra las fuerzas gubernamentales. El 16 de julio de 1873, el pretendiente volvió a entrar en España por Zugarramurdi. En agosto capturan sus tropas la ciudad de Estella, donde a partir de entonces residirá su corte, y que se mantendrá en manos carlistas hasta el final de la guerra en 1876.

El frente de Cataluña y Aragón, en contraposición con los altibajos iniciales del norte, tuvo grandes éxitos desde el principio del alzamiento. Al poco de comenzar la guerra, en diciembre de 1872, el hermano de Carlos, Alfonso, se trasladó a Cataluña desde Francia para ejercer la comandancia de las fuerzas carlistas. Sin embargo, en 1874, a pesar de un avance en el que llegó a conquistar Cuenca y casi plantarse a las puertas de Madrid, las tropas de Alfonso tuvieron que retirarse más allá del río Ebro. El ejército carlista estaba dividido entre los efectivos del general Savalls y los del propio Alfonso, quien terminó por ceder su comandancia y regresar a Francia.

En diciembre de 1874, el pronunciamiento del general Arsenio Martinez Campos supuso la vuelta de la monarquía a España, en la figura de Alfonso XII, quien fue reconocido por el excarlista Ramón Cabrera. El carlismo comenzó a fracturarse hasta el punto de que varios generales del bando de Carlos fueron juzgados por los suyos por deslealtad e incluso depuestos del mando.

Para 1876, a pesar de los triunfos primeros, la guerra en Cataluña estaba prácticamente perdida. Además, el avance de las tropas gubernamentales por dos flancos, lideradas por Martinez Campos y el general Quesada respectivamente, parecía imparable. Finalmente, en el norte, la caída de Estella el 19 de febrero supuso el triunfo de las fuerzas del gobierno sobre los carlistas. Carlos VII abandonó España el 28 de febrero, el mismo día que Alfonso XII entraba triunfante en Pamplona con un ejército de casi doscientos mil hombres, poniendo punto y final a la Tercera Guerra Carlista.

Tras la guerra, Carlos VII viajó por muchos países, incluso llegando a ser invitado de honor del zar de Rusia, Alejandro II. Tras ser expulsado de Francia, en 1880, fijó su residencia definitiva en Venecia. Su esposa, Margarita de Borbón-Parma, con quién se había casado en 1867, residía en Viareggio, ciudad italiana que también visitaba con frecuencia.

Conocida era la aventura extramarital de Don Carlos con la actriz húngara Paula de Somoggy, de quien se terminó separando ya que hubiera sido un gran escándalo que asistiera a la primera comunión de su hijo primogénito, Don Jaime, y no se le hubiera permitido comulgar; así le habían informado que sucedería mientras continuara con su relación amorosa fuera del matrimonio.

En 1893, tras enviudar, contrajo matrimonio con la princesa María Berta de Rohan, mujer de fuerte personalidad. Este matrimonio fue muy impopular entre los carlistas. Berta de Rohan, que desconocía la historia de España y lo que significaba el carlismo, no sintonizó nunca con los sentimientos de los carlistas españoles, a pesar de que, para agradar a su marido, se hiciera retratar con mantilla y boina roja, cuyo sentido desconocía por completo.

Carlos VII falleció el 18 de julio de 1909 en Varese. Le sucedió su hijo Jaime al frente de la dinastía carlista. Sus restos reposan en la catedral de Trieste.

En la novela «Cayó del cielo» se habla de la Tercera Guerra Carlista y se menciona a Carlos VII. También te pueden interesar otros artículos relevantes a la novela, como el de la ametralladora Gatling, el Palacio de Ayete, o el de extraterrestres e invasiones alienígenas antes del siglo XX.

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