
Universidad de Durham, Inglaterra, 1881.
Cortejar a la joven heredera con quien se había prometido y, a continuación, irse de juerga con los amigos. Ese era el plan para Mateo Sanz. Su porvenir no podía ser más halagüeño…
…hasta que su tutor, el general Francisco Serrano, aparece sin previo aviso, dispuesto a llevarle de vuelta a España.
Y no va a aceptar un no por respuesta.
Mateo se sumergirá —en ocasiones literalmente— en un mundo de aventuras fantásticas, como miembro de un equipo muy especial. Extraños artefactos, pasadizos secretos y excéntricos personajes le llevarán a descubrir que su pasado no era el que él creía, y que su futuro, y el de toda Europa, podría estar dictado por el mítico espejo del Rey Salomón. Y si es así, ¿por qué el espejo se empeña en hacer de él la pieza crucial en la terrible catástrofe que se avecina?
Si te gusta la ficción histórica inspirada por Julio Verne o H. G. Welles, y quieres adentrarte en el Madrid de Alfonso XII, o en la Venecia del siglo XIX, no esperes más y hazte con El falso espejo del Rey Salomón.

Una luz hiere el cielo.
Podría haber pasado desapercibido. No para Serapio.
Algo ha caído en el monte, allí, en Vizcaya. No en Madrid, donde Sagasta preside el Consejo de Ministros de Alfonso XII y, al parecer, sucede todo lo importante.
No, ha caído en SU monte. Podría ignorarlo, pero la curiosidad es un enemigo poderoso.
Las cosas no le van a ir bien. Nada bien.
Cuando Mateo Sanz y la francesa del parche en el ojo y arrebatos proféticos, Marie Poitiers, del «Equipo Especial para el Esclarecimiento de Extraños Eventos», llegan a la aldea de Serapio, ya está en marcha la rueda de acontecimientos cuyas consecuencias podrían afectar a toda la Humanidad.
Acción, fantasía y ciencia ficción esperan al lector en las páginas de «Cayó del cielo». Hay leves toques de «steampunk» a la española, raudales de imaginación, guardias civiles, carlistas, seres de otro mundo, muñecos de madera que cobran vida, y mucho más.
